miércoles, 19 de febrero de 2014

Lagrimas...



Cuantas veces he oído lo mismo una y otra vez: llorar no sirve de nada…

Cierto! Nada se resuelve con las lagrimas, por muchas horas que pases llorando nada cambia, los problemas siguen ahí, la vida sigue siendo la misma con sus cosas buenas y sus cosas malas.



Nunca me ha gustado mostrar mis emociones, sobretodo las cosas malas… Mis problemas, mis temores, mis inseguridades siempre me los he guardado para mi. No porque tema que los demás vean lo frágil que soy, sino simplemente por no preocupar a nadie sobretodo a mi familia y a las personas que quiero.
Nunca he querido ocultar nada a nadie, pero me doy cuenta que cada uno tenemos nuestros problemas, ¿porque agregar preocupaciones? Cuando algunos de ellos están pasando por autenticas dificultades y las mías en comparación son tonterías.
Por eso muchas veces detrás de una sonrisa escondía unas ganas tremenda de llorar…



He llorado miles de veces por culpa de la bulimia, sobretodo cuando me di cuenta que ya no era yo que la controlaba, sino era ella que mandaba en mi vida.
He pasado horas llorando sentada al lado del wc, a veces porque quería vomitar y no lo conseguía y otras por no poder evitarlo.

Lloré al ver mi imagen al espejo, lo que veía reflejado no me gustaba, no podía ser yo…
Lloraba por rabia. Rabia conmigo misma, por no poder ser una chica normal, por no ser capaz de aceptarme tal como era. Por no poder controlarme a la hora de comer, decir voy a comer esto y continuar comiendo cualquier cosa sin parar hasta sentir la necesidad de vomitar,

Era una lucha interior y lo único que conseguía consolarme es llorar.

Me hubiese gustado contarle a alguien todo lo que me atormentaba, pero me resultaba imposible. No se trataba de falta de confianza ni mucho menos, solo que era incapaz de hablar de lo que me pasaba y si lo intentaba lo único que conseguía era llorar.

Quizás sea simplemente una llorona, incapaz de controlar mis emociones…
A pesar de tener 30 años, lloro mucho peor que una niña pequeña.

La bulimia es una pesadilla que me persigue y si le añadimos los problemas de verdad a los que hay que hacer frente en esta vida, hay momentos que me siento perdida y parece que llorar es lo único que pueda hacer.

No creo que llorar sea malo, aunque después hay que sacar fuerzas para enfrentarse a la vida y a sus dificultades.